El autismo es una condición del neurodesarrollo, no debe considerarse una enfermedad o una limitación en sí. Es una manera atípica, diferente, de ver y estar en el mundo. Las personas autistas pueden presentar cualidades extremadamente positivas y contribuir enormemente a la sociedad, desde esta perspectiva propia que poseen. Sin embargo, también pueden ver enormemente limitado su desarrollo personal, social y laboral si su entorno no es conocedor de sus características diferenciadas y específicas y no suministra apoyos específicos para ayudarles a compensar sus dificultades. El mundo está diseñado por y para personas neurotípicas, cuyas reglas en muchas ocasiones no son fáciles de comprender para las personas autistas. La comprensión de las claves sociales, que se da por hecha y ocurre de manera natural y sin esfuerzo en el desarrollo neurotípico, es un desafío para las personas autistas, que debe hacer un esfuerzo explícito y deliberado para comprender. Esperar que alguien con autismo se adapte al mundo neurotípico sin ciertas adaptaciones es como esperar que un ciego se desplace por la ciudad sin bastón.
Las personas autistas pueden presentar una dificultad muy significativa desde el inicio de su desarrollo para comprender a las personas y sus intenciones y motivos profundos y esto hace que las relaciones con las personas resulten impredecibles y, tal vez, eventualmente hostiles, desagradables o estresantes y que, incluso puedan llegar a querer evitarlas. Pero esto no significa que en origen tengan desinterés por las personas. Desean su presencia y compañía y son sensibles a sus emociones y estados de ánimo, pero puede haber un desafío a la hora de captar qué es lo que realmente les pasa y lo que necesitan y para ajustar, en función de esta información, su comportamiento en las relaciones de manera natural, rápida y fluida. Asimismo, su comunicación (verbal y no verbal) y la manera en que se expresan no es bien entendida por las demás personas, que les pueden malinterpretar y responderles de maneras inadecuadas. Esto es, el problema de la doble empatía (dificultades mutuas entre las personas autistas y las no autistas para comprenderse y empatizar entre sí), con los consiguientes juicios e interpretaciones de unos hacia otros.
Las personas autistas viven en un mundo que muchas veces resulta difícil de comprender y son ellas mismas muchas veces incomprendidas. Esto supone niveles de estrés elevados, que están por encima de los del resto de la población. El estrés tiene correlatos en infinidad de aspectos del funcionamiento humano. Por tanto, controlar los niveles de estrés y disponer de estrategias para encontrar la calma y el equilibrio ayudarán a promover el bienestar de la persona y a mejorar su desempeño en todos los ámbitos de la vida. Las personas autistas, por el mero hecho de estar en situación minoritaria, se ven obligadas a enormes esfuerzos por adaptarse al mundo que las rodea: intentando entender cómo funcionan las personas neurotípicas y qué hacer para no incomodarlas o para ser de la mayor ayuda a sus seres queridos, a pesar de la incertidumbre que el mundo social les provoca.
Las personas neurotípicas hacen una lectura automática, rápida e intuitiva del contexto en el que se encuentran y esto les permite ajustar su respuesta. Por ejemplo, ajustar lo que dicen y cómo lo dicen en función de la persona a la que se están dirigiendo y la situación en la que se encuentran (no le hablas igual a un amigo que a un jefe o a un profesor; y no le hablas igual a tu amigo un día de fiesta que un día en el que viene contándote que tiene a su madre ingresada en el hospital). Las personas autistas, sin embargo, encuentran mayor dificultad para hacer esta lectura rápida del contexto y esto les dificulta, en ocasiones, dar una respuesta ajustada al mismo a tiempo real, pudiendo dar respuestas que resultan extrañas para otras personas. Muchas de ellas, son de alguna manera conscientes de esta dificultad y se esfuerzan mucho por captar conscientemente los elementos del contexto (que otras personas captan automáticamente) y este es un trabajo que puede resultar extenuante.
En el desarrollo típico se da con facilidad el fenómeno de la metarrepresentación: el significado concreto de las palabras y objetos se suspende y les damos otros sentidos. Esto se manifiesta en la primera infancia en la aparición de juego simbólico (el plátano no es un plátano, sino un teléfono; o el niño es el tendero del super y mamá una clienta). Con el paso de los años este uso creativo de los objetos se sigue desarrollando y el lenguaje se usa de manera figurada (metáforas, ironías, bromas, dobles sentidos, refranes, frases hechas, jerga…). La persona autista, sin embargo, tiene una percepción hiperrealista y e interactúa con el mundo de forma muy concreta: las cosas son lo que son y las palabras significan lo que significan, suelen utilizar un lenguaje muy concreto, incluso formal y les cuesta mentir (y cuando lo hacen no suelen ser muy hábiles). Puede costarles y generarles mucha confusión esta creatividad exacerbada del mundo neurotípico y resultarles muy difícil las inferencias de información sutil, no literal. Prefieren y se benefician de ambientes concretos y de lenguaje concreto y literal, es decir, encuentran más confort cuando el mensaje expresado y el pretendido coinciden y no dejamos lugar a inferencias o interpretaciones.
La información verbal suele ser más difícil de decodificar para las personas autistas que la información visual, por la que suelen presentar preferencia (ayudándoles enormemente en sus aprendizajes, por ejemplo).
Suelen mostrar preferencia por el procesamiento secuencial (prefieren y les resulta más fácil procesar elementos de información que se presentan uno detrás de otro) y suelen presentar más dificultad para el procesamiento en paralelo (es decir, para integrar varias informaciones que se presentan o acontecen de manera simultánea). Así, tareas con pasos concretos y claros que se presentan unos detrás de otros son más fáciles de resolver (Ej.: un trabajo con puntos concretos que se pueden resolver de manera independiente). Otras situaciones, como las interacciones sociales, que requieren procesamiento en paralelo de diversas fuentes de información (expresión facial del hablante, sus gestos, su mensaje verbal, la información guardada en memoria acerca de esa persona o todo lo relacionado con el tema de la conversación…) son más difíciles de procesar, pueden provocar sobrecarga mental y puede ser más difícil para la persona organizar a continuación una respuesta. Puede ser necesario en estos últimos casos, más tiempo para procesar la información. Si las interacciones y conversaciones son con varias personas, la dificultad es aún mayor, ocurriendo muchas veces el fenómeno de sentirse incapaces de seguir la interacción a partir de cierto punto, porque cuando creen que ya han procesado toda la información y tienen una respuesta adecuada, se ha pasado el momento oportuno para participar. Es importante que tanto la persona autista como el entorno, sean pacientes con esta circunstancia y que pueda disponer, al menos, de mayores tiempos para procesar la información.
La preferencia por el procesamiento secuencial, y las dificultades a la hora de captar el contexto, inferir mensajes sutiles, y procesar la información verbal… pueden dificultarles mucho la labor de inferir significados sociales. En función de todo esto, existe en el autismo una dificultad para inferir los estados mentales de las personas, es decir, generar una imagen o representación de lo que otras personas pueden estar sintiendo, pensando o deseando (lo que se conoce como ceguera mentalista). Para favorecer las habilidades mentalistas pueden ser de utilidad las actividades lúdicas que promuevan la toma de perspectiva de otras personas o personajes. Pueden ser útiles el teatro, los juegos de rol, el tabú, o el pictionary, por ejemplo, según intereses, edades y niveles de necesidad de apoyo. Para favorecer la conexión con otras personas puede ayudar la danza o los juegos de cooperación, por ejemplo. Pero lo que más promueve la capacidad de las personas autistas para comprender a los demás es sentirse seguros y comprendidos ellos mismos por sus familiares, amigos y conocidos.
Las reglas de cortesía, en ocasiones, no las entienden. En su mundo de significados concretos, decir o hacer cosas que no tienen un fin práctico en sí mismo carece de sentido.
Las conversaciones, más si estas se producen en grupo, pueden ser especialmente difíciles para la persona autista. Estas situaciones requieren procesar mucha información a la vez, procedente de varias fuentes (mensaje verbal literal, mensaje verbal implícito, expresión corporal, adecuación de los turnos, contexto presente y contexto histórico de cada persona que participa en la conversación…). Es habitual que las personas autistas terminen quedando en silencio, incapaces de participar. Cuando han analizado el mensaje y encuentran lo que quieren decir, la conversación ya ha avanzado y su aportación ya es inoportuna. Su falta de participación, no es necesariamente desinterés sino dificultad extrema (aunque por supuesto, que aquello que más costoso resulta, puede terminar generando desinterés). Aunque también puede ocurrir que intenten acaparar el turno para controlar la conversación y así poder garantizar su participación. A veces les molesta que les interrumpan o no les pidan aclaraciones; esto les saca de su curso de pensamiento, que con tanto esfuerzo están intentando hilar (¿cómo te sientes tu cuando alguien te hace una pregunta mientras estás intentando resolver un cálculo mental?). Las personas autistas pueden encontrarse mucho más cómodas en conversaciones uno a uno, donde disponen de más tiempo para procesar el discurso de su interlocutor y sus propios mensajes; o, por el contrario, en conversaciones en grupo, donde otras personas llevan el peso de la interacción, mientras ellas pueden “descansar”.
Si bien en el mundo no autista o neurotípico conversar y hablar constantemente es una vía importante de vinculación y disfrute en relación con otras personas, para las personas autistas no suele ser así. Las personas autistas encuentran mucho gusto hablando y escuchando sobre sus temas de interés, sobre los que tienen mucho que compartir y mucho deseo de aprender. Pero no ven la necesidad de hablar si no tienen nada concreto que decir o que quieran conocer. Por tanto, no encuentran disfrute alguno en la charla social o en ese habitual “hablar por hablar” en el que participan las personas no autistas. En esas situaciones, o bien no saben que decir o no ven la necesidad de decir algo. Esto se puede manifestar en que permanezcan callados o en que las conversaciones resulten poco fluidas. Es de gran ayuda para ellas dejarles participar libremente a su manera en las interacciones: podemos darles oportunidad para que lideren el tema, prestarles nuestra atención y otorgarles nuestra escucha activa dejándonos sorprender por lo que tienen que aportarnos o podemos aceptar que permanezcan callados y disfrutar de su presencia sin obligarles a participar de manera activa en las conversaciones, por ejemplo.
Las relaciones de pareja son especialmente complejas, sobre todo cuando se está empezando a desarrollar el vínculo: hay muchos mensajes tácitos, la información proporcionada no es del todo clara, se suele dejar mucho lugar a la inferencia… Y esto es especialmente difícil para la persona autista, que requiere de mensajes claros, concretos y concisos.
Si bien sus sentimientos pueden ser muy parecidos a los de cualquier otra persona, a veces los comportamientos asociados a esos sentimientos pueden resultar llamativos o peculiares para las personas no autistas. Esto a veces ocasiona que terminen conteniendo sus reacciones naturales para intentar actuar como creen que las demás personas pueden considerar apropiado o, al menos, no desentonar. Este funcionamiento sostenido a lo largo del tiempo puede terminar ocasionando una desconexión de sí mismas, llegando a no saber muy bien qué es lo natural en ellas mismas.
Algunas personas autistas (sobre todo mujeres, pero no solo ellas) desarrollan la estrategia del camuflaje: intentan copiar las habilidades sociales que se consideran aceptadas y ocultar las características propias de la condición autista. El camuflaje, cuando se practica durante mucho tiempo y se asimila como la manera normal de proceder, puede llevar a casos de despersonalización y pérdida parciales de memoria, además, de a un sufrimiento y cansancio extremo.
Es fundamental, por tanto, que la persona autista se desarrolle en un entorno de aceptación, empatía y amabilidad con sus experiencias internas y con la expresividad de las mismas, siempre que no sea dañina para un tercero (lo cual no dista de lo que es saludable para cualquier ser humano).
En edad infantil, es de vital importancia desarrollar escenarios favorables al desarrollo de relaciones positivas con los iguales, poniendo especial hincapié en los contextos abiertos (patios, recreos, comedores, cambios de clase…). Estos contextos, sin mediación del adulto, pueden con facilidad convertirse en fuente de estrés y aislamiento para un niño autista; pero con la mediación consciente y sensible de los profesionales, pueden ser un contexto rico, fuente de disfrute y aprendizajes. Ver enlaces sobre programas de patios inclusivos en bibliografía.
Los clubes escolares pueden ser otra buena oportunidad para la interacción en un “contexto seguro” para niños y niños autistas (y no autistas también). Los niños autistas suelen tener numerosos intereses en torno a los cuales se puede organizar un club (arte, ajedrez, astronomía, juegos de mesa, animales, dibujo, construcciones…), y su capacidad para socializar y comunicarse en torno a sus intereses es significativamente mayor que en el resto de ámbitos, por tanto, sus oportunidades para establecer amistades en un contexto como el de un club se incrementan notablemente.
Suele ser un elemento favorecedor de la inclusión de personas con diversidad funcional, fomentar en su clase o en el trabajo el conocimiento acerca de la condición en general y de cómo se manifiesta en una determinada persona en particular. Esta apuesta activa por la información y la concienciación, siempre que se haga de una manera sensible, respetuosa y dando control a la persona en cuestión acerca de lo que quiere compartir de sí misma y cómo, lejos de generar estigmas, satisface de forma saludable la curiosidad natural y la necesidad de comprender de los demás y abre espacios para la comprensión, la empatía y el respeto a la diversidad.
También resaltar que los niños autistas son especialmente vulnerables al acoso y maltrato por parte de sus iguales (y también de los adultos). Es de vital importancia estar atentos a la manera peculiar que tienen de expresar sus emociones. Debemos ofrecerles modelos de expresión y mostrarnos disponibles para mediar en las situaciones que le resulten confusas o dañinas. Y es responsabilidad de los adultos, en todos los contextos en que participen, potenciar y poner de manifiesto sus cualidades, para que el propio niño autista pueda fortalecer su autoestima y para que sus iguales puedan aprender a valorarle como se merece. La mejor prevención es la proactividad, por lo que animamos a los centros educativos a disponer los momentos y contextos para favorecer desde el principio las relaciones saludables entre los niños autistas y sus compañeros. ¡Pero ojo!, la intervención no pasa solo por enseñar al niño autista a comportarse; es responsabilidad de toda la comunidad (adultos y niños) entender, respetar, empatizar y comunicar eficazmente.
A veces, las personas autistas presentan mayor facilidad en la relación con objetos y circunstancias que son concretos, constantes y predecibles que con los seres humanos, que son dinámicos e impredecibles. A la persona autista le resultan difíciles de comprender las inconcreciones temporales o espaciales (“espera un momento”, “luego iremos”, “ya lo haremos…”). Esto a veces se percibe como rigidez por parte del entorno, pero es una dificultad intrínseca para tolerar la incertidumbre. Suelen tener, por tanto, mucha necesidad de anticipación: conocer de forma concreta lo que va a ocurrir y cómo les aporta calma y bienestar. Se pueden beneficiar mucho de sistemas de anticipación y de actividades bien organizadas (agendas, planes, esquemas de acción). Además de más fácil de procesar, la información visual resulta más concreta, tangible y estable que la información verbal. Por eso, suelen ser de más ayuda las anticipaciones visuales (con palabra escrita y/o dibujos, por ejemplo – los pictogramas son solo para algunas personas autistas, no para todas – ) que la mera anticipación verbal.
Muchas personas autistas son muy buenas y disfrutan mucho del procesamiento profundo, minucioso y en detalle (memorizar datos, encontrar patrones, razonamiento lógico…). Encuentran aquí una importante fortaleza y una fuente de disfrute. En lugar de limitarles (lo cual suele ser una presión habitual que encuentran), animémoslos a que desarrollen este don y puedan encontrar aquí, tal vez, su modo de vida y su manera de contribuir a la sociedad. Es sabido que muchas personas autistas han contribuido significativamente a la historia de la ciencia, el arte o las humanidades con su particular capacidad para analizar el mundo. Cambia el lenguaje: en lugar de hablar de intereses restringidos, reconoce sus intereses profundos; en lugar de llamarles maniáticos, aprecia su capacidad analítica e investigadora. Por su bien y por el nuestro, no cometamos el error de perdernos la oportunidad de dejarles desarrollarse en todo su potencial.
El pensamiento de la persona autista tiende a ser concreto, sin matices (lo que se conoce como pensamiento categórico, dicotómico o de blanco o negro). Muchas veces podemos observar una intolerancia extrema a la injusticia o a lo que resulta ilógico desde su punto de vista. Aparece también un sentido de la justicia fuertemente arraigado: lo que está bien está bien, y lo que está mal simplemente está mal, y no se debe hacer. Esta tendencia de pensamiento influye también en que un comportamiento puntual puede hacer que rechacen la totalidad de una persona. A veces les será de ayuda que les animes a apreciar matices. Otras, puede que lo oportuno sea validar su perspectiva íntegra y coherente.
Muchas veces presentan lo que se conoce como hiperfoco. Cuando se relacionan con algo de su interés, pueden concentrarse de manera muy intensa durante mucho tiempo. Llamarles la atención en estos momentos hacia algo diferente puede ser difícil y generarles incomodidad. Si esta tendencia interfiere con otros aspectos importantes de su vida, puede ayudarles establecer una negociación clara y concreta de cuándo, en qué momentos y durante cuánto tiempo pueden dedicarse a sus intereses. Puede ayudarles también disponer de marcadores visuales de tiempo. [Consultar más información sobre atención monotrópica].
En ocasiones, las personas autistas presentan dificultades para organizarse, para orientarse a metas. Es decir, tienen dificultades para planificar los pasos a seguir, monitorizar su propia acción, cambiar flexiblemente de plan si es necesario, etc. (a estas habilidades se las conoce como Funciones Ejecutivas). A estos fines, también les benefician las tareas e instrucciones claras, concretas, secuenciadas y presentadas visualmente. [Consultar metodología TEACCH para más información].
Pero ojo, también es un fenómeno frecuente la sobreprotección y la hiperdirectividad de los adultos hacia la persona autista (por la escasa confianza que solemos tener en su criterio y en su manera de hacer las cosas, que juzgamos como inapropiada o incorrecta), lo cual termina privándole de la oportunidad de desarrollar su propia capacidad ejecutiva. Para promover su autonomía e independencia, lo primero que tenemos que hacer es trabajar en nuestra propia confianza.
El procesamiento de la información sensorial también funciona diferente: a veces su atención no consigue filtrar y quedarse solo con la parte relevante de toda la información que llega a los sentidos y dejar en segundo plano la información irrelevante. Es decir, toda la información llega a la vez con la misma intensidad (dificultades de modulación sensorial). Provocando sobrecarga sensorial y, en ocasiones, migrañas, dolor físico, meltdowns, shutdowns, autoestimulación, conducta repetitiva (estereotipias, rituales, compulsiones), e incluso conducta auto o hetero agresiva.
Las personas autistas también suelen presentar hipersensibilidades (perciben ciertos estímulos en mayor intensidad de tal manera que resultan abrumadores y tienden a evitarlos) o hiposensibilidades (perciben ciertos estímulos en menor intensidad de tal manera que necesitan buscar estimulación más intensa).
Es importante que tanto la persona como su entorno sean conscientes de esto. Ayuda que la persona sepa con antelación en qué momentos o lugares puede encontrarse con gran llegada de estímulos sensoriales, disponer de tiempo para prepararse, incorporarse a esos ambientes sólo cuando esté preparada y saber que puede retirarse a un lugar seguro cuando lo necesite.
Requiere especial mención, la hiposensibilidad interoceptiva (esto es, la dificultad para captar los propios estados internos; por ejemplo, las manifestaciones de las emociones en su cuerpo o la información de sus vísceras dando la señal de hambre o necesidad de evacuar, por ejemplo). Lo cual podría estar en la base de sus dificultades para reconocer ciertos estados en sí mismas. Si no hay buen contacto con los estados internos, se incrementan las dificultades para regularlos. Y por supuesto, también se complica la capacidad de conexión con las experiencias de los demás.
Es importante para las personas autistas, trabajar en reconectar y hacerse consciente de su cuerpo, sus emociones y sus necesidades propias. Y es también especialmente importante que adquieran herramientas orientadas al manejo de la atención y el estrés. El yoga es una actividad que puede resultar muy eficaz a la hora de integrar cuerpo y mente, aportar calma y serenidad, e incrementar el nivel de conciencia acerca de las experiencias internas. Otras actividades físicas que pueden redundar en mayor bienestar físico y emocional pueden ser pilates, baile o artes marciales. En general, al igual que en cualquier persona, la actividad física consistente y una alimentación equilibrada, rica en diversidad de nutrientes y escasa en elementos inflamatorios también contribuye al bienestar físico y también a la claridad mental.
También es importante para la persona autista hacerse consciente de qué aspectos del ambiente (interno y externo) están ocasionando las sensaciones y emociones que experimenta. Además, de fortalecer esta capacidad de darse cuenta de sus experiencias, lo más cerca posible del momento en que ocurren, es de gran utilidad que puedan incrementar su capacidad de comunicar de forma clara y en el momento en que tiene necesidad de ello, sin tener que recurrir a otras estrategias para eludir la comunicación o sobreesforzarse por encima de sus energías. El Mindfulness es una herramienta efectiva para fortalecer este “darse cuenta” y la comunicación consciente. Es importante “llevar la cuenta” de cuál es el nivel de energía en cada momento, y aprender a dosificarse, de tal forma que la persona autista no se termine involucrando en situaciones muy exigentes en momentos donde no dispone de mucha energía; recurriendo en esos momentos, más bien a un descanso o a actividades que les ayuden a recargarse.
Otros enfoques de acompañamiento que pueden ser de utilidad: Teoría Polivagal y Estimulación Vagal para comprender y regular el sistema nervioso; Terapia Basada en Compasión para integrar distintos elementos de la historia personal; o Terapia de Aceptación y Compromiso para el afrontamiento consciente y significativo de desafíos.
Julia Robles
Psicóloga – Directora de HoDARI
Bibliografía y recursos recomendados
Para comprender el autismo:
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Paula, I. (2018). La autolesión en el autismo. Alianza Editorial.
Paula, I. (2023). El trauma complejo en el autismo: La urgencia de una intervención sensible. Alianza Editorial.
Sánchez, B. (2025). Pues no se te nota: Camuflaje en autismo, altas capacidades y TDAH.
Lumbroso, V. (director). Entre tú y yo, la empatía [documental]. Francia: Flair production y Televisión francesa.
Atención conjunta: su papel en el aprendizaje, la cognición social y la intervención del autismo – Peter Mundy
Comprensión del autismo como perfil cognitivo específico – Peter Vermeulen
Felicidad en el autismo. Misión ¿IM-Posible? – Peter Vermeulen
The world need all kind of minds – Temple Grandin – TED2010
How autism freed me to be myself – Rosie King – TEDMED2014
La revista autista de @autiblog – https://linktr.ee/autiblogthemagazine
Crianza, desarrollo afectivo, acompañamiento terapéutico:
Stapert, M. y Verliefde, E. (2011). Focusing con niños: el arte de comunicarse con los niños y los adolescentes en el colegio y en casa. Editorial Desclée De Brouwer.
Kabat-Zinn, J y Kabat-Zinn, M (2012). Padres Conscientes, Hijos Felices: Por fin, un manual de inteligencia emocional para padres. Editorial Faro.
Dana, D. (2019). La teoría polivagal en terapia: Cómo unirse al ritmo de la regulación. Editorial Eleftheria.
Van Der Kolk, B. (2020). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftheria.
Maté, G. (2023). El mito de la normalidad: Trauma, enfermedad y sanación en una cultura tóxica. Tendencias.
Procesamiento sensorial:
Ayres, J. (2008). La integración sensorial en los niños: desafíos sensoriales ocultos. TEA ediciones.
Bogdashina, O (2004). Percepción Sensorial en Autismo y Asperger: Experiencias sensoriales diferentes, mundos perceptivos diferentes. Autismo Ávila.
Mujeres:
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Marshall, T. (2015). Soy AspienGirl: Las características, rasgos y talentos únicos de las niñas y mujeres en el Espectro Autista.
Merino, M y cols. (2022). Mujeres y autismo: La identidad camuflada. Editorial Altaria.
Molina, C. (2020). Mujeres Autistas: Desde dentro del espectro: El autismo femenino visto por las mujeres autistas
Holliday, L. (1999). Pretending to be Normal: Living with Asperger’s Syndrome (Autism Spectrum Disorder).
Rudy Simone (2010). Aspergirls: Empowering Females with Asperger Syndrome. Jessica Kingsley Publishers.
Guía de buenas prácticas en niñas, adolescentes y mujeres con trastorno del espectro del autismo – Aetapi:
https://aetapi.org/download/guia-de-buenas-practicas-en-mujeres-con-tea/?wpdmdl=5661&refresh=5e58f80c98bcb1582888972
https://www.mujeresea.com/articulos
https://www.facebook.com/aspielsando
Reportaje Autism in Pink:
Educación:
Mesibov, G. y Howley, M. (2011). El acceso al currículo por alumnos con trastornos del espectro del autismo: utilizando el programa TEACCH para favorecer la inclusión. Autismo Ávila.
Verdugo Alonso, M. A. (2009). El cambio educativo desde una perspectiva de calidad de vida.
Charman, T. (2011). ¿Qué es una buena práctica en la educación de personas con autismo?
http://aetapi.org/download/una-buena-practica-la-educacion-personas-autismo/?wpdmdl=3778
Ideas para el desarrollo de programas de patio:
https://www.unir.net/educacion/revista/recreos-inclusivos-un-patio-repleto-de-valores
http://blog.tiching.com/patios-inclusivos-educando-todos-los-espacios-la-escuela/
https://www.conrecursos.org/wp-content/uploads/2018/11/Patios-inclusivos-FUHEM.pdf
https://www.elhuertodeideas.org/sites/default/files/Documentos/PATIOS%20INCLUSIVOS.pdf
https://patiosyparquesdinamicos.com/store/product/patios-y-parques-din%C3%A1micos





