Es habitual la preocupación de las familias acerca de lo “poco” o “mal” que comen sus hijos e hijas autistas, así como el deseo de que aprendan a comer “de todo”. Es cierto que la alimentación de muchas personas autistas suele ser más restringida de lo habitual. Sin embargo, antes de plantearnos introducir alimentos nuevos y así ampliar la variedad alimentaria, deberíamos tener en consideración las causas y los factores que la condicionan.
Contar con la supervisión de un equipo interdisciplinar (que incluya profesionales de la nutrición, la medicina, la terapia ocupacional y la psicología) resulta fundamental. Este acompañamiento permite valorar el estado nutricional real, detectar posibles alergias, intolerancias, desequilibrios en la microbiota intestinal o alteraciones digestivas, y establecer objetivos realistas y respetuosos.
Estos objetivos podrían ser, en primer lugar, reducir la ingesta de alimentos no nutritivos o comer más de los alimentos saludables ya aceptados. Y sólo después de afianzados estos objetivos, plantearnos introducir nuevos alimentos saludables (empezando por los que reúnen las características aceptadas, a nivel sensorial y motriz), diversificar formatos de los alimentos ya aceptados y/o introducir nuevos alimentos.
Pero antes de nada, debemos considerar otras cuestiones muy importantes, aparentemente no relacionadas directamente con la alimentación, pero en realidad de gran influencia en ella.
RUTINAS COHERENTES Y POSITIVAS
Aunque pueda parecer que no está relacionado, establecer algunas rutinas de autocuidado desde edades tempranas, como el lavado de dientes, puede contribuir a mejorar la aceptación de alimentos, ya que favorece la tolerancia oral y táctil.
Del mismo modo, es importante hacer de la comida un momento agradable y predecible, anticipando lo que nos vamos a encontrar.
También conviene compartir el momento todos juntos sentados a la mesa, mantener un ambiente tranquilo, hacer que la hora de la comida sea divertida y agradable, y reducir cualquier tipo de presión. En este sentido, es fundamental evitar incitar, persuadir o rogar repetidamente, ya que estas acciones pueden generar estrés asociado a la alimentación. Por ejemplo, conviene no utilizar expresiones como: “Come”, “Pruébalo, anda, por favor”, “Si lo pruebas luego te compraré algo”, “Aquí lo pruebas y en casa no”, o “Estoy segura de que esto no lo va a probar”.
Además, hay que evitar “picotear” durante todo el día para favorecer el apetito y para acotar así el momento de alimentarse a las horas de las comidas (4-6 momentos estructurados diarios). Es recomendable también que dichas comidas tengan una duración limitada, y que procedamos a retirar los alimentos, sin insistir, dando un plazo de 30 minutos-1 hora.
Finalmente, el ambiente en el que se come es fundamental. Es recomendable evitar distracciones innecesarias, como ruidos excesivos o el uso de pantallas, así como cualquier estímulo visual que pueda interferir en la atención durante la comida.
DEFINIR ROLES CLAROS
El adulto o la persona responsable debe ofrecer alimentos saludables y mantener firmeza respecto a cuáles son los alimentos disponibles para comer, garantizando al mismo tiempo un ambiente tranquilo, de calma y serenidad, sin gritos ni enfados. Es fundamental velar por que las características de los alimentos sean adecuadas a la persona autista, así como fomentar la coherencia en su presentación y sabor.
Por otra parte, la persona autista decide cuánto comer.
Este equilibrio entre estructura y autonomía favorece la seguridad y la autorregulación, aspectos clave para un desarrollo alimentario saludable.
Además, es importante recordar que el modelado familiar tiene un papel muy importante: si las comidas se hacen en familia, los adultos pueden proporcionar modelo natural y adecuado al comer alimentos saludables o nuevos y pueden promover la imitación por parte de los niños y niñas. Asimismo, igual que proponíamos evitar comentarios negativos o de instigación, sí pueden ser positivos comentarios naturales y positivos sobre los alimentos (“umm, qué buenas están las lentejas” o “me apetecen mucho las chuletas” o “por fin estofado, hacía mucho que no comíamos”).
ANALIZAR OTROS FACTORES QUE AFECTAN A LA ALIMENTACIÓN
Existen diversos factores médicos y farmacológicos que pueden influir en la alimentación. Algunos medicamentos, por ejemplo, pueden alterar el apetito, la digestión o el estado emocional, provocando cambios en el apetito, náuseas, diarrea, ansiedad o apatía, lo que repercute directamente en los hábitos alimentarios. Por ello, la revisión periódica con el equipo médico resulta fundamental para ajustar dosis y evaluar su impacto en la alimentación.
Asimismo, las dificultades oromotoras son frecuentes en el autismo y afectan la coordinación, fuerza y control de los músculos implicados en la masticación y la deglución. Esto puede generar rechazo a ciertas texturas o problemas en la relación con los alimentos. La intervención conjunta de logopedas, terapeutas ocupacionales y nutricionistas es clave para mejorar la función oral mediante ejercicios, estimulación sensorial y actividades lúdicas, favoreciendo así una alimentación más segura, agradable y variada.
Por otra parte, las experiencias previas negativas relacionadas con la alimentación —como atragantamientos, náuseas, texturas desagradables o haber sido forzado a comer— pueden generar condicionamientos aversivos que se mantienen en el tiempo. Estas experiencias activan respuestas de ansiedad o evitación frente a determinados alimentos, lugares o utensilios, y pueden incluso generalizarse a situaciones similares. Identificar y comprender estos antecedentes es esencial para no repetirlos y para diseñar estrategias de desensibilización gradual y positiva, devolviendo a la persona una sensación de control y seguridad durante las comidas.
PROMOVER AUTONOMÍA Y AUTOALIMENTACIÓN
Fomentar la autonomía y la autoalimentación, por ejemplo, permitiendo el uso de las manos como herramientas para comer, contribuye a mejorar la independencia, la coordinación motora y la aceptación de nuevos alimentos. Está comprobado que las estrategias que promueven el control propio favorecen una mejor ingesta nutricional y reducen el rechazo y la resistencia a probar alimentos nuevos.
En esta misma línea, proporcionar un asiento adecuado, con buen apoyo en la espalda y pies, mejora la estabilidad y evita las dificultades de un sistema vestibular aún en desarrollo. En esta línea, podría ser interesante facilitar a la persona autista una silla ergonómica cómoda, por ejemplo.
FAVORECER LA TOLERANCIA SENSORIAL PROGRESIVA
Es fundamental trabajar para que la persona autista mejore su tolerancia a participar en actividades que implican un estímulo táctil u oral, ya que esto sienta las bases para la aceptación e interacción con los alimentos. En este sentido, pueden ser útiles enfoques motores, ocupacionales y de integración sensorial.
Además, es importante tener en cuenta que, antes de llegar a comer, la persona suele recorrer una serie de pasos previos que facilitan la aceptación de los alimentos: para, eventualmente, comer con normalidad, primero hay que tolerar la presencia de un alimento, luego interactuar o comunicar acerca del alimento, olerlo, tocarlo y finalmente probarlo e ingerir cada vez mayores cantidades. Este proceso gradual respeta el ritmo individual y contribuye a reducir la ansiedad o el rechazo frente a nuevas texturas o sabores.
INTRODUCCIÓN NATURAL Y EVOLUTIVA
Es recomendable realizar una introducción evolutiva de los alimentos siguiendo enfoques naturales y respetuosos, como el BLW (Baby Led Weaning). Optar por estrategias guiadas por la respuesta del niño o niña autista favorece el establecimiento de una relación positiva con la comida. En este contexto, es fundamental respetar la “evolutiva” de las texturas, es decir, las texturas que estamos preparados a comer según la edad y el desarrollo motor, oral y también el desarrollo cognitivo (ya que en muchos casos estos no se corresponden el uno con el otro).
CONCLUSIÓN
La alimentación en personas autistas debe abordarse desde una perspectiva integral y respetuosa, que considere los aspectos biológicos, sensoriales, motores y emocionales. Esto implica ofrecer alimentos saludables en un entorno calmado y predecible, fomentar la autonomía y la autoalimentación, respetar los ritmos individuales en la exposición a nuevas texturas y sabores, y tener en cuenta experiencias previas, factores médicos y necesidades sensoriales.
El objetivo no es que la persona coma “de todo”, sino construir una relación positiva, segura y placentera con la comida. Promover la participación activa, la autorregulación y el modelado familiar fortalece hábitos saludables y refuerza la confianza y el bienestar general. En definitiva, una alimentación respetuosa y estructurada contribuye al desarrollo integral y a la calidad de vida de la persona autista, transformando la hora de la comida en un espacio de seguridad, aprendizaje y disfrute.
Julia Robles
Psicóloga – Directora de HoDARI
Patricia Esteban
Dietista-Nutricionista especializada en alimentación y nutrición en autismo
La puedes encontrar en: www.patriciaestebannutricionista.com y en @comerbienconTEA
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA PARA LA ELABORACIÓN DE ESTA SERIE DE ARTÍCULOS:
Ayres, J. (2011). La integración sensorial y el niño. MAD.
Baratas, M.; Hernando, N.; Villalba, L.; Matas, M.J.; Enrique, M.D.; Loste, Ch.; Hijosa, L.; Subijana, E. Guía de intervención en trastornos de la alimentación en niños en el espectro del autismo. Federación Autismo Madrid.
Beaudry Bellefeuille, I. (2014). El rechazo a alimentarse y la selectividad alimentaria en el niño menor de 3 años: una compleja combinación de factores médicos, sensoriomotores y conductuales. Acta Pediatr Esp.; 72(5): XX
Beaudry Bellefeuille, I.; Ramos Polo, E.; Suárez González, M.; Moriyón Iglesias, T.; Gándara Gafo, B. (2015). Colaboración multidisciplinaria en el tratamiento de un niño de 5 años de edad con desnutrición. Acta Pediatr Esp. 73(5): 127-133
Bogdashina, O (2007). Percepción sensorial en el autismo y síndrome de Asperger. Experiencias sensoriales diferentes, mundos perceptivos diferentes. Autismo Ávila.
De Ramón Bellver, A. y Juan Belso, M. L. Alimentación y Autismo: Curiosidades. Doble Equipo.
De Ramón Bellver, A. y Juan Belso, M. L. 4 en casa: Teo no quiere cenar. Doble Equipo
Gándara Gafo, B.; Moriyón Iglesias, T.; Beaudry Bellefeuille, I. (2021). Occupational Therapy Assessment and Intervention of a 22 Month Old Girl with Feeding Refusal. JOURNAL OF BEHAVIORAL HEALTH, VOL 10, NO. 1, PAGE 1 – 3.
Millward, C., Ferriter, M., Calver, S., Connell-Jones, G. Dietas libres de gluten y caseína para el trastorno de espectro autista (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2005 Número 4. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com. (Traducida de The Cochrane Library, 2005 Issue 4. Chichester, UK: John Wiley & Sons, Ltd.).
Safont Lacal, G., Ferrer Rosell, M. y Judas Abellán, S. (2020). Alimentación saludable: Una guía para psiquiatras y sus pacientes. CIBERSAM, IDIBAPS.
Suárez, F. Especialista en Metabolismo. Documentación disponible en internet en https://franksuarez.com/ y https://www.metabolismotv.com/
Exploring Feeding Behavior in Autism: A Parent’s Guide. Autism Speaks (Autism Treatment Network) y AIR-P (Autism Intervention Research Network on Physical Health).
Johnson, C. R., et al. (2024). Feeding interventions for children with autism spectrum disorder: A systematic review update. Journal of Autism and Developmental Disorders, 54(1), 201–223.
Sgritta, M., et al. (2024). Gut–brain axis in autism: Nutritional and microbial modulation. Cell Reports Medicine, 5(2), 101–112.
Martínez-González, M. A., et al. (2025). Mediterranean diet and neurodevelopmental outcomes in children. Nutrients, 17(1), 45.
Schaaf, R. C., & Mailloux, Z. (2023). Sensory integration approaches in autism: Evidence update. American Journal of Occupational Therapy, 77(4), 7704205060p1–7704205060p12.
EFSA Panel on Nutrition (2023). Dietary guidelines and hydration in children and adolescents. EFSA Journal, 21(4), e08112.
